-FLASHBACK-
Ángela llevaba ensayando toda la semana, no podía con su
cuerpo, se pasaba las horas muertas en la academia ensayando. Sabía que ese día
tan importante para ella estaba cerca. Paseaba llegando hacia su casa y en sus
cascos, sonaba esa melodía que llevaba sonando en su cabeza desde que se entero
de que iba a tener una audición. La gente la admiraba por la calle, ella
contoneaba sus caderas y su cuerpo al ritmo de la música.
Mañana era el día. Tenía pensado cenar y meterse en la cama,
lo tenía claro, necesitaba descansar si o si. Mientras dormía en su cabeza se
agolpaba cada uno de los pasos que debía de realizar al día siguiente.
Se levanto más fresca que una rosa. Con una gran sonrisa en
su cara y con muchas energías. Se tomo su zumo habitual de frutas como cada
mañana, se vistió y cogiendo su bolsa, la cual estaba en la entrada de la casa
preparaba, salió corriendo hacia el estudio.
Llego al estudio, se cambio y empezó a calentar. Era la
siguiente para salir. Estaba muy nerviosa, pero tenía que conseguir ese
trabajo, tenía que ir a Madrid, sus chicas la estaban esperando allí. Salió muy
decidida y con muchas fuerzas.
Empezó a sonar la música, Ángela empezó a moverse como si de
una pluma de tratase, era ballet, pero en verdad, ella era capaz de bailar todo
lo que quisiera. La gente estaba impresionada con ella. Cuando termino de
bailar la gente no sabía como reaccionar, ella está muy contenta de su
actuación y salió con una sonrisa de oreja a oreja, se salió al pasillo y
empezó a estirar.
-¡Eres impresionante!- dijo una voz de chico tras ella.
-¡Gracias! Hago lo que me gusta- respondió Angela mientras
se daba la vuelta.
Se quedo totalmente muda. Ese chico era guapísimo. Ella se
preguntaba como la había visto bailar. No había nadie dentro, era imposible.
-Me llamo Salva y ¿tu nombre es?- pregunto sonriendo.
-Ángela, pero todo el mundo me conoce como Ange- contesto
ella.
-Encantado Ange, ahora mismo me tengo que ir, pero me
encantaría poder charlar otro dia contigo. Apunta mi número, guárdame como
Salva Suay.
-Vale, cuando quieras hablamos y no vemos.
Salva le dio dos besos a Ange y se fue. Suay, Suay, Suay,
ese apellido le sonaba a ella. ¿Pero de qué?
{En otro lugar de España}
María había hecho un viaje muy largo. Málaga-Murcia. Desde
que dejo la gimnasia rítmica se dedicaba a entrenar a su hermana y a su grupo
de gimnasia. Daba cada minuto de su vida por ellas. Cada día les enseñaba algo
nuevo. Quería que fuesen las mejores.
Esa mañana se habían levantado todas muy pronto. La competición
era en Murcia. Un campeonato completo, sabía que sus niñas estaban preparadas
para ganar, varias competiciones a lo largo de toda la semana.
Durante el camino las niñas iban nerviosas, pero a la vez
alegres. María les había contagiado su espíritu de superación y fuerza.
Entraban en Murcia y las niñas empezaron a cantar:
-¡YA ESTAMOS AQUI! ¡AQUÍ AQUI! ¡GRACIAS A ELLA! MARIA TE
QUEREMOS LOLOLOLOLO – gritaban de pie en el autobús al unisonó.
María no podía para de reírse ¡Que escandalosas son! Pero
las quería mucho. Eran sus niñas. Su vida. Llegando al polideportivo, las niñas
no podían más. Estaban eufóricas.
-Chicas, tranquilizaros, estáis perfectamente preparadas ¡Vosotras
podéis! –les grito María a las niñas antes de bajar del autobús.
Cuando las niñas empezaron a bajar, María le iba dando un
beso a la frente a cada una. Mítico ritual suyo. Las niñas salieron corriendo
hacia los vestuarios del polideportivo. María se sentó en las primeras filas de
las gradas. Giro la cabeza y al final de las gradas había un cumulo de gente. A
saber quien estaba allí. Alguien famoso de por aquí. Pero bueno, a ella no le
importaba. Solo le importaba sus niñas.
Salieron. Empezaron la exhibición. Lo hicieron genial. Eran
una de las favoritas del jurado después de ver a los demás grupos. Las niñas se
volvieron de nuevo a los vestuarios a esperar las puntuaciones. Ella salió de
las gradas, iba cargada, llevaba toda la documentación de las niñas. Mientras
andaba se le cayó uno de los DNI’s de las niñas.
-Perdona, se te ha caído algo- dijo un chico tras ella
corriendo.
-¡Gracias!- dijo dándose la vuelta- ¡OH DIOS MIO! ¡OH DIOS
MIO! ¡ERES TU! –dijo ella tartamudeando.
-Sí, yo soy yo, y tu eres ¿Alicia?- dijo el chico leyendo el
DNI.
-Mmm no, yo no soy Alicia.
-Vale, si tú no eres Alicia, yo no soy Xuso- contesto el
ente risas.
-Sí, si tú eres Xuso, yo soy María. Alicia es una de mis
chicas- dijo ella.
-Encantado María.
-Lo mismo digo, encantada- contesto ella asombrada todavía.
-Lo siento, pero me tengo que ir, tengo mucha prisa. Hasta
luego- se despidió Xuso guiñándole un ojo.
-¡Adioos!
María entro en los vestuarios.
-¿María que te pasa? ¿Has visto a un fantasma?- le pregunto
entre risas su hermana, acompañada de las demás.
- Para nada, no he visto un fantasma, he visto un ángel…
{En Madrid capital,
al mismo tiempo}
Hacía ya dos días que Marina había llegado a Madrid, ya casi
habían terminando de instalarse en el piso de Rubi. Habían estado colocando los
dormitorios y el salón, incluso les había dado tiempo a ir a hacer la compra.
-Rubi cielo, hoy tengo que ir a la uni.
-Vale, yo te espero aquí, tengo que terminar de hacer cosas
por aquí. ¿Qué tienes que hacer en la uni cari?- pregunto Rubi.
-Ir a por los horarios, los libros y esas cosas. Lo típico vamos- contesto Marina con cara de
circunstancia.
Rieron las dos, se dieron dos besos y Marina salió dirección
a la Universidad. No era un trayecto muy largo, pero iba entretenida con su música.
Cuando llego, fue directa a recepción, la señora que estaba allí, le dijo que
fuera al despacho de la directora, que ella le informaría de todo. Le indico
donde estaba el despacho y Marina fue en su búsqueda.
Llamo a la puerta y una señora se dio la vuelta en su silla.
Era bastante guapa, de mediana edad, entre los 45-50 años.
-¿Se puede pasar?- pregunto Marina educadamente.
-Sí, pasa- contesto la directora.
-Hola. Bueno días. Me llamo Marina y soy nueva en la
Universidad. Me han dicho en la recepción que fuese a ver a la directora, que
ella me ayudaría.
-Hola Marina. Si yo soy la directora, aunque no lo parezca-
contesto la señora sonriendo- Me llamo Rosa, dime en que puedo ayudarte.
-Necesito que me ayude con los libros que debo de comprar y
los horarios de las clases. Nadie me ha dicho nada y soy nueva en Madrid también.
-Tranquila Marina- dijo sacando unas hojas de un cajón de su
mesa- Mira, esto es el plano de la universidad, y estos los horarios. Espera un
momento, hago una llamada y estoy contigo en un minuto.
Después de la llamada, Rosa volvió a entrar en el despacho y
se sentó de nuevo.
-En unos minutos, tendrás la ayuda que necesitas aquí.
-Muchas gracias, de verdad, lo necesito, yo soy muy
despistada y además no me oriento muy bien que se diga- dijo Marina riendo.
Tocaron dos veces a la puerta y apareció un chico. Muy
guapo, hay que decir la verdad. Pero, ¿Quién era él? ¿Y qué hacía allí?
-Buenos días- dijo el chico- ya estoy aquí.
-Gracias por venir tan rápido- contesto Rosa- Marina este es
Segio. Sergio esta es Marina.
-Encantada- contesto ella sonriendo.
-Necesita que la orientes por aquí, es nueva y mejor que tu,
nadie la va a ayudar.
-Si, si, no se preocupe Rosa, yo me encargo de todo.
-Marina, Sergio es un chico de confianza, el te enseñara todo bien.
-Gracias, Rosa. Ya me voy, de verdad se lo agradezco mucho.
Salieron Sergio y Marina del despacho, hacia el pasillo.
-Si quieres, mañana quedamos y te explico como va todo por aquí
¿Te parece bien?- le pregunto Sergio.
-Si, como a ti te venga mejor.
-Pues mañana nos vemos.
-Adiós y gracias- dijo ella un poco vergonzosa.
-De nada.
Se fueron cada uno por su lado, y al minuto Marina noto una
mano en su brazo.
-Oye, toma mi numero, si te surge algo y no puedes venir me
avisas- le dio un papel Sergio sonriendo.
-Tranquilo, no me surgirá nada.
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